Observando los tiempos en que
vivimos, donde se ha manifestado el hombre de pecado, y la apostasía, se hace
necesario analizar con detenimiento los anticristo y el sistema de la bestia
apocalíptica. No es fácil entrar a un análisis exhaustivo en ese sentido, pero
sí, es propio hacer algunas reflexiones cristianas, para no caer en el abismo
satánico.
El poco crecimiento que han
tenido las iglesias desde finales del siglo XX, hasta la actualidad, debe ser
estudiado como un fenómeno profético, cuando Jesús dijo, "Pero cuando
venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" (Luc. 18.8b). Es
evidente que los tiempos no son favorables para la fe en Cristo, puesto que en
la medida en que la tolerancia y promoción del pecado aumentan, se hace difícil
la conversión y por ende la perseverancia. Muchos han querido encontrar el
descreimiento de las iglesias, en causas doctrinales y en consecuencia han
comenzado a cambiar lo que Dios manda, por una forma doctrinaría y adoración
humana, para llenar el vacío de los humanos, especialmente de la juventud, en
detrimento de la palabra de Dios. Pregunto, ¿estaba Dios equivocado cuando
enseñó su palabra a los hombres? ¿Es el hombre más sabio que Dios? Sin duda
que, el pensamiento de los hombres en la actualidad se ha desviado del camino
correcto.
Es tiempo de reflexión para
enderezar los entuertos que se han cometido en las iglesias, dejando de
evangelizar, de hacer campañas, renunciando a los debates y a la comunión entre
los santos, entre otras importantes actividades. Descuido en las literaturas
cristianas, en ese enfoque de dirección del Espíritu Santo. Hay que
reflexionar, ¿en qué hemos fallado a Dios y a los hombres? Creo firmemente, que
hay que volver a ese espíritu de lucha, que antes se observaba en las iglesias.
Necesitamos más oración, que
demuestren nuestra confianza en el Padre Celestial y en la Cabeza de la
iglesia, Cristo Jesús. Necesitamos más obreros en la Viña del Señor, que
comprendan su misión. Necesitamos más renuncia al mundo, a los métodos
mundanos, a las obras mundanas y a las promesas del mundo. La iglesia debe
reconocer que no es de este mundo, aunque esté en el mundo. Jesús dijo a
Pilato: "Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo,
mis seguidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi
reino no es de aquí" (Juan 18.36).
Hay que tener sumo cuidado con la
competencia y la comparación con otros grupos religiosos. Si queremos crecer
como ellos, actuar como cllos y ser como ellos, entonces debemos ser ellos. En
los tiempos de Jesús había este mismo peligro, por lo que, "Entonces habló
Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se
sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis,
guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen y no
hacen" (Mat. 23.1-3). Es tiempo de cambiar las actitudes presentes, para
asirse de las cristianas, de las cuales Jesús quería que sus discípulos también
se adhirieran.
Jesucristo no quería que sus
discípulos, su iglesia fuera como los fariseos y escribas; él quería y quiere
un reino diferente, espiritual, consagrado, de fe firme y apegado a la palabra
de Dios. Hay que volver a las antiguas sendas, las que dieron buen resultado a
los apóstoles y a los hermanos del tiempo de Alejandro Campbell. Ellos fueron
personas de batallas, si hubiesen comenzado a fijarse en las dificultades de
sus tiempos no hubiesen echado hacía adelante la obra de Dios. Eran hombres de
estudios de la palabra, de oración y de trabajo; eran capaces de sufrir, de
continuar la labor que el Padre y Jesucristo les encomendó.
No se pueden hacer las cosas para
ser vistos por los demás; no se debe seguir buscando gloria de los hombres; no
se debe continuar con hermosos reportes que llenen los ojos a los que se
glorían en eso. "En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes
en espíritu, sirviendo al Señor" (Rom. 12.11). Ser siervo del Señor, no de
los hombres, esto impulsa el espíritu humano a ser responsable y a esforzarse
para llevar a buen efecto su misión. Es ahí, donde tenemos que reflexionar, que
la iglesia sea más espiritual, que sus líderes sean más conscientes de sus
ministerios, y que la hermandad sea parte unos de los otros.
Las piedras comenzarán a hablarnos,
pues no hablamos como debemos hablar; no trabajamos como debemos trabajar; y no
confiamos como se debe confiar. Sabemos que la palabra de Dios no vuelve vacía,
pero no la sembramos, con el ahínco en que debemos hacerlo. Sabemos que el
trabajo en el Señor no es en vano, pero no lo hacemos y dejamos que Dios dé el
crecimiento. Se necesita una nueva perspectiva en la visión de la iglesia,
dejando ese espíritu de derrotismo y críticas que se dan entre las iglesias y
sus líderes.
El problema de la actualidad no
está en las doctrinas de la Biblia, sino en el comportamiento mundano que se ha
tomado en los últimos tiempos. Pablo escribió a los corintios: "Porque
aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también
nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para
con nosotros. Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a
vosotros mismos. ¿O no conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está entre
vosotros, a menos que estéis reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros
no estamos reprobados" (2 Cor. 13.4-6).
Por consiguiente, es tiempo de
reflexión cristiana, para mejorar las condiciones de la iglesia. En gran medida
depende de nosotros pues debemos hacernos conscientes de que vivimos tiempos peligrosos,
si resbalamos fracasamos. Tenemos muchos en contra, más que en los primeros
siglos, pero también tenemos la experiencia de los que nos antecedieron, y Dios
es el mismo de ayer, hoy y siempre, por tanto confiando en la palabra de Dios y
en el poder y sabiduría de él, sigamos adelante. Él no dice cuántos debemos
traer a Cristo, pero sí, que prediquemos; no dice, cuántos deben perseverar,
pero sí, que el que persevere hasta el fin éste será salvo.
Jesucristo prometió que donde hay
dos o tres congregados en nombre de él, allí estará él en medio de ellos (Mat.
18.20); también dijo "enseñándoles que guarden todas las cosas que os he
mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del
mundo" (Mat. 28.20). Y además dijo, "El que me ama, mi palabra
guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El
que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía,
sino del Padre que me envió" (Juan 14.23, 24). Reflexionemos en esto y el
Señor nos dé entendimiento. Dios le bendiga.
- Fausto Piña Bello
0 comentarios :
Publicar un comentario