jueves, 12 de febrero de 2015

Tiempos de Reflexión Cristiana


Observando los tiempos en que vivimos, donde se ha manifestado el hombre de pecado, y la apostasía, se hace necesario analizar con detenimiento los anticristo y el sistema de la bestia apocalíptica. No es fácil entrar a un análisis exhaustivo en ese sentido, pero sí, es propio hacer algunas reflexiones cristianas, para no caer en el abismo satánico.
El poco crecimiento que han tenido las iglesias desde finales del siglo XX, hasta la actualidad, debe ser estudiado como un fenómeno profético, cuando Jesús dijo, "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" (Luc. 18.8b). Es evidente que los tiempos no son favorables para la fe en Cristo, puesto que en la medida en que la tolerancia y promoción del pecado aumentan, se hace difícil la conversión y por ende la perseverancia. Muchos han querido encontrar el descreimiento de las iglesias, en causas doctrinales y en consecuencia han comenzado a cambiar lo que Dios manda, por una forma doctrinaría y adoración humana, para llenar el vacío de los humanos, especialmente de la juventud, en detrimento de la palabra de Dios. Pregunto, ¿estaba Dios equivocado cuando enseñó su palabra a los hombres? ¿Es el hombre más sabio que Dios? Sin duda que, el pensamiento de los hombres en la actualidad se ha desviado del camino correcto.
Es tiempo de reflexión para enderezar los entuertos que se han cometido en las iglesias, dejando de evangelizar, de hacer campañas, renunciando a los debates y a la comunión entre los santos, entre otras importantes actividades. Descuido en las literaturas cristianas, en ese enfoque de dirección del Espíritu Santo. Hay que reflexionar, ¿en qué hemos fallado a Dios y a los hombres? Creo firmemente, que hay que volver a ese espíritu de lucha, que antes se observaba en las iglesias.
Necesitamos más oración, que demuestren nuestra confianza en el Padre Celestial y en la Cabeza de la iglesia, Cristo Jesús. Necesitamos más obreros en la Viña del Señor, que comprendan su misión. Necesitamos más renuncia al mundo, a los métodos mundanos, a las obras mundanas y a las promesas del mundo. La iglesia debe reconocer que no es de este mundo, aunque esté en el mundo. Jesús dijo a Pilato: "Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis seguidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí" (Juan 18.36).
Hay que tener sumo cuidado con la competencia y la comparación con otros grupos religiosos. Si queremos crecer como ellos, actuar como cllos y ser como ellos, entonces debemos ser ellos. En los tiempos de Jesús había este mismo peligro, por lo que, "Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen y no hacen" (Mat. 23.1-3). Es tiempo de cambiar las actitudes presentes, para asirse de las cristianas, de las cuales Jesús quería que sus discípulos también se adhirieran.
Jesucristo no quería que sus discípulos, su iglesia fuera como los fariseos y escribas; él quería y quiere un reino diferente, espiritual, consagrado, de fe firme y apegado a la palabra de Dios. Hay que volver a las antiguas sendas, las que dieron buen resultado a los apóstoles y a los hermanos del tiempo de Alejandro Campbell. Ellos fueron personas de batallas, si hubiesen comenzado a fijarse en las dificultades de sus tiempos no hubiesen echado hacía adelante la obra de Dios. Eran hombres de estudios de la palabra, de oración y de trabajo; eran capaces de sufrir, de continuar la labor que el Padre y Jesucristo les encomendó.
No se pueden hacer las cosas para ser vistos por los demás; no se debe seguir buscando gloria de los hombres; no se debe continuar con hermosos reportes que llenen los ojos a los que se glorían en eso. "En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor" (Rom. 12.11). Ser siervo del Señor, no de los hombres, esto impulsa el espíritu humano a ser responsable y a esforzarse para llevar a buen efecto su misión. Es ahí, donde tenemos que reflexionar, que la iglesia sea más espiritual, que sus líderes sean más conscientes de sus ministerios, y que la hermandad sea parte unos de los otros.
Las piedras comenzarán a hablarnos, pues no hablamos como debemos hablar; no trabajamos como debemos trabajar; y no confiamos como se debe confiar. Sabemos que la palabra de Dios no vuelve vacía, pero no la sembramos, con el ahínco en que debemos hacerlo. Sabemos que el trabajo en el Señor no es en vano, pero no lo hacemos y dejamos que Dios dé el crecimiento. Se necesita una nueva perspectiva en la visión de la iglesia, dejando ese espíritu de derrotismo y críticas que se dan entre las iglesias y sus líderes.
El problema de la actualidad no está en las doctrinas de la Biblia, sino en el comportamiento mundano que se ha tomado en los últimos tiempos. Pablo escribió a los corintios: "Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con nosotros. Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está entre vosotros, a menos que estéis reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados" (2 Cor. 13.4-6).

Por consiguiente, es tiempo de reflexión cristiana, para mejorar las condiciones de la iglesia. En gran medida depende de nosotros pues debemos hacernos conscientes de que vivimos tiempos peligrosos, si resbalamos fracasamos. Tenemos muchos en contra, más que en los primeros siglos, pero también tenemos la experiencia de los que nos antecedieron, y Dios es el mismo de ayer, hoy y siempre, por tanto confiando en la palabra de Dios y en el poder y sabiduría de él, sigamos adelante. Él no dice cuántos debemos traer a Cristo, pero sí, que prediquemos; no dice, cuántos deben perseverar, pero sí, que el que persevere hasta el fin éste será salvo.
Jesucristo prometió que donde hay dos o tres congregados en nombre de él, allí estará él en medio de ellos (Mat. 18.20); también dijo "enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat. 28.20). Y además dijo, "El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió" (Juan 14.23, 24). Reflexionemos en esto y el Señor nos dé entendimiento. Dios le bendiga.
- Fausto Piña Bello

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