Me urge mantener una buena conciencia ante Dios. Tengo una buena conciencia cuando no hay nada dentro de mí que ofenda a Dios. Ella se cultiva caminando cerca de Dios. Cuánto más lejos viva de Dios, tanto más endeble será mi conciencia, demasiado debilitada por el contacto excesivo con el mundo.
Gracias a Dios, ningún discípulo tendrá jamás la conciencia muerta, encallecida o con la sensibilidad «perdida» (Efesios 4.19 rva). Tampoco ningún discípulo sufrirá de conciencia maligna, o torcida.
Puedo soportar la crítica del mundo, y aun la de mis amigos cristianos, si mi corazón está limpio delante de Dios. Nunca debo vacilar ante la crítica a expensas de mi conciencia, porque eso significaría negar o ignorar mi conciencia. Tampoco debo permitir jamás que las conciencias de otros dicten lo que mi conciencia tiene la obligación de ser delante de Dios. Por esa razón, es preciso resistir la presión social al conformismo, sin olvidar mi responsabilidad personal ante Dios. El convertirse en barro moldeado por la sociedad es negar mi «buena conciencia» ante Dios. Siempre debo dejar que él sea mi moldeador y alfarero (Jeremías 18.6), para que no sólo llegue a ser un vaso útil, sino una persona hecha sensible al pecado, tal y como él mismo lo es.
jueves, 29 de enero de 2015
Corazón Limpio (1 Pedro 4:19)
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