Tiempos de Reflexión Cristiana

No es fácil entrar a un análisis exhaustivo en ese sentido, pero sí, es propio hacer algunas reflexiones cristianas, para no caer en el abismo satánico.

Mujeres de la Biblia

La primera mujer interesante de la Biblia se llama Eva. Dios vio que Adán necesitaba ayuda idónea para él. Eva era esa ayuda.

El divorcio y los hijos

¿Por qué se da el divorcio entre cristianos?, no con la misma frecuencia que se da en el mundo, pero aceptando la realidad triste.

Corazón Limpio

Me urge mantener una buena conciencia ante Dios. Tengo una buena conciencia cuando no hay nada dentro de mí que ofenda a Dios.

Revista La Voz Eterna un ministerio vivo

Un ministerio dedicado a proclmar el evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

jueves, 12 de febrero de 2015

El divorcio y los hijos

"Por lo que vemos en la TV y el cine, uno podría creer que el divorcio es un camino de rosas que lleva a la madurez y a la felicidad. Pero preguntándole a alguien que lo haya recorrido, no hay nada de divertido ni de fácil en el divorcio. Es un salvaje viaje emocional que, durante mucho tiempo, no sabemos dónde terminará." - Abigail Traford
El propósito de este estudio es desarrollar la tesis de: ¿Por qué se da el divorcio entre cristianos?, no con la misma frecuencia que se da en el mundo, pero aceptando la realidad triste. No escapamos los hijos de Dios de esta tragedia humana.

Causas del Divorcio

Podríamos estudiar las causas principales en lo que la mayoría de las parejas que se han divorciado nos han revelado y un 60% ha sido provocado por el pecado de la fornicación de uno de los cónyuges (Mat. 19.9). Esto sería una causa bíblica, según Jesús. Entonces la causa original que provocó la disolución legal y emocional del matrimonio sería el pecado de uno de los cónyuges.

Pero aunque el cónyuge inocente tendría la opción del divorcio y posibles nuevas nupcias, sin cometer pecado adicional, esto no implica que esta determinación no provocaría una tremenda crisis.

l. El temor

El temor se presenta antes y después del divorcio. La persona en crisis, preámbulo del divorcio, se pregunta: ¿Podré sobrevivir emocionalmente (si es mujer)? ¿No afectará el futuro de mis hijos? ¿Podrán ellos continuar sus estudios superiores y universitarios sin la ayuda del padre, total o parcial?

¿Cómo les afectará emocionalmente a ellos nuestra separación? Y en cuanto a los hijos su temor suele manifestarse principalmente si son adolescentes, el miedo de que "su mundo ya no sea seguro". El temor al rechazo de su círculo de amistades, principalmente si dependerán en la custodia de la madre y ésta cambia por completo su statu quo social y económico. Tiene que trabajar muy duro, si no es profesional, poniendo algún pequeño negocio.

Los hijos acostumbrados a cierto estilo de vida sufren y se deprimen mucho emocionalmente al pensar en un cambio drástico de modo de vida social. En el 80% de los casos de divorcio, la madre conserva la custodia de los hijos, y es el padre quien se marcha. Es posible que ellos queden viviendo en la misma casa, pero casi siempre la madre tiene que venderla, ir a un barrio pobre, comprar una casa más modesta. A los hijos les aterroriza quebrar sus raíces, dejar sus amistades y sobre todo si tiene que dejar su estado profesional por trabajar para subsistir. También otro temor real para la persona divorciada es la tremenda inseguridad emocional que la crisis después del divorcio le provoca. La mujer dice: ¿Encontraré un buen hombre que realmente me ame, me comprenda, y me acepte en mi condición de divorciada y con una carga económica de los hijos?

¿Podré adaptarme a sus gustos, modos, nuevas reglas del juego, en cuanto a la dirección del hogar, será amoroso, respetuoso con mis hijos e hijas? ¿Podré enamorame realmente de nuevo, o actuaré solamente por despecho o venganza? ¿Podré realizarme plenamente en la intimidad con mi nuevo esposo, sin traumas ni inhibiciones? ¿Podré ser feliz? ¿Será un cristiano ejemplar? ¿Llenará todas mis expectativas y necesidades?

Y en el hombre, aunque sus patrones psicológicos son diferentes, pero los temores en él son también muy reales:

Miedo a ser traicionado por la nueva esposa.
Miedo a perder a los hijos.

Miedo a la soledad (si se queda solo).

Otro sentimiento depresivo provocado por el divorcio es:

2. La culpa

Al hablar de la culpa hablo del sentimiento incriminatorio del cónyuge llamado el inocente que en el interior de su conciencia piensa que en alguna manera fue responsable de que su hogar se destruyera con su divorcio y se hace estas preguntas:

¿Por qué no le pude amar lo suficiente, hasta poder perdonarle su infidelidad?
¿Fui lo suficientemente afectivo, comunicativo, atento, cordial, comprensivo, con él (ella)?

¿Cumplí mi deber conyugal en la intimidad, para no dar lugar a la infidelidad, o yo tomé la iniciativa de castigarle sexualmente como medida coercitiva para buscar la enmienda de sus errores?

¿Resultó la medicina peor que la enfermedad?

¿El o ella notó que tenía más atenciones, admiración y respeto que a mi propio cónyuge por otra persona, principalmente varón (en el caso de ella, mujer) (en el caso de él)?

¿Por qué no recurrí a Dios, por medio de los ancianos, predicadores y consejeros espirituales y terapeutas conyugales?

3. La soledad

Y dijo Dios: "No es bueno que el hombre esté solo" (Gén. 2.18).

El ser humano no fue hecho para la soledad. Dios lo hizo para vivir acompañado, con su cónyuge. Porque usted puede vivir rodeado de gente, familiares, hijos, amigos, hermanos y sentirse profundamente solo (a), si no está el "amor de la vida".

¡Qué precioso es el estar junto con su cónyuge!, tomarse da la mano, caminar juntos, mirarse a los ojos, embelesados de amor, contemplar la puesta del sol, o una mañanita llena de rocío, tener una comunicación siempre fluida, y tener sus momentos de intimidad conyugal, llenos de sano y santo placer que les haga renacer las esperanzas y las promesas de amor que se juraron frente al altar.

Pero el divorcio mata todo en la vida conyugal, es como partirse por la mitad; sólo el hecho de pensar en la soledad es aterrador. Por eso la sabiduría de Dios les dice a los esposos cristianos que se han divorciado por cualquier causa en 1 Cor. 7.11: "Y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese", para evitar que la soledad le lleve al adulterio (Mat. 19.9).

Otros causas de divorcio legal

Nosotros muchas veces nos preguntamos: ¿Por qué las parejas que contrajeron matrimonio, llenos de amor, esperanzas e ilusiones, enamorados, jurándose "Amor Eterno" haciendo votos ante el altar de Dios: "Nos prometemos amarnos, respetarnos, sernos fieles, en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad, en la guerra y en la paz, en la alegría y en el dolor, hasta que la muerte nos separe", terminan divorciándose?

Bueno, el 75% de los divorcios legales se dieron por el divorcio psíquico de uno de los cónyuges, es decir con el abandono emocional de uno de los cónyuges. El afán de este siglo, el deseo de llegar a ocupar una posición destacada en la empresa y por ende en la vida social, cultural y económica lleva muchas veces principalmente al varón, a descuidar su relación afectiva con su esposa, a la que la Biblia dice: "dando honor a la mujer como a vaso más frágil" (1 Pedro 3.7).

Todo su tiempo lo absorbe su trabajo, su empresa, su negocio. La relación se vuelve fría, monótona y sin amor. Muchas veces el marido busca a la esposa para tener relaciones íntimas por pura autosatisfacción sexual, y no por amor.

Aun las plantas necesitan cultivo, las flores necesitan de un jardinero y los animales de las caricias de sus amos, ¿cuánto más la mujer del amor, cuidado y atenciones de su esposo? Claro que este abandono emocional se da también en menor escala en la mujer ejecutiva que no atiende su hogar, a sus hijos, a su esposo. Y en algunos casos se da el feminismo, revertido machismo, y estas mujeres buscan la intimidad con su marido por pura satisfacción sexual, egoísta y desprovista de amor verdadero.

Pero esto es la excepción, no la regla. En la mayoría de los casos es el hombre quien origina el divorcio psicológico, con su abandono emocional y la mujer se siente frustrada insegura y se pregunta:

¿Dejé de ser atractiva como mujer y por eso a mi marido no le intereso?
¿Soy mala amante en el lecho conyugal y mi esposo no encuentra satisfacción íntima conmigo?

¿Me estoy volviendo vieja?

Y por último la mujer se revela o duerme en otra habitación sola, y sus noches son frías. ¿Por qué? Porque murió el amor conyugal en esos dos corazones.

La Biblia aconseja en esos casos quedarse solos, con la esperanza que la soledad les haga reflexionar y deponer actitudes egoístas o por otro lado tener la madurez suficiente para afrontar la situación difícil que los llevó a la separación; y es posible que la otra parte cambie de actitud (1 Cor. 7.10-12).

- Luis E. García Urroz

La Voz Eterna, Noviembre-Diciembre 1998

Mujeres de la Biblía

La primera mujer interesante de la Biblia se llama Eva. Dios vio que Adán necesitaba ayuda idónea para él. Eva era esa ayuda. "Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre" (Gén. 2.21-22). Sea lo que fuera el significado de ese texto del Antiguo Testamento, Adán exclamó, diciendo: "Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Gén. 2.23), expresando así la unidad de ambos, el hombre y su mujer en el matrimonio (Gén. 1.27; 2.18,21-25).

El divorcio es una broma de mal gusto y no cabe en el esquema de ética del Señor Jesucristo. Cuando las iglesias de Cristo comienzan a tolerar el divorcio, entonces es tiempo de arrepentirse, o de cerrar la "institución", pues ya no sería el cuerpo de Cristo, el cual es santo.

Tanto Eva como Adán recibieron de Dios claras instrucciones. "Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto ... No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis" (Gén. 3.3). La inocencia y pureza de Eva no eran suficientes para distanciarla del mal, pues ella pensaba que el mal era atractivo y gozoso (Gén. 3.1-6). Y así vemos que Eva, con toda su dulzura femenina, también empujó a su marido a caer en el pecado.

Pablo, por inspiración del Espíritu Santo, escribió: "La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión" (1 Tim. 2.11-15). He aquí en principio de Dios; y la iglesia hace bien en atenerse a él.

Sara era una mujer piadosa. Ella amó a Dios, y mostró su amor por la obediencia. También era fiel a su marido Abraham. Siempre vemos los dos juntos, aún en momentos difíciles, pues Dios los cuidó. El apóstol Pedro habla acerca de Sara y dice: "Así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor" (1 Pedro 3.5-6). ¡Qué ejemplo tan hermoso para las mujeres en la iglesia del Dios viviente!

Débora era una mujer fuerte. Débora era fuerte por su fe sincera en el Dios todopoderoso. Ella era una profetisa y juez en Israel; y los hijos de Israel subían a ella a juicio. Su corazón estaba al lado de Dios aún en tiempos conflictivos y adversos, con acción. Esa mujer no malgastó su tiempo con "dichos religiosos"; antes corrió el riesgo que significa conflicto y desafío, mostrando así que el ser humano sí puede confiar en Dios siempre. Dios le dio a ella la gloria y la honra por su intervención valerosa. "Entonces Débora dijo a Barac: Levántate, porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus manos. ¿No ha salido Jehová delante de ti? Y Barac descendió del monte de Tabor, y diez mil hombres en pos de él" (Jueces 4.14-23). Por Jael, la mujer de Heber, llegó la paz; pero Débora se llevó la gloria (Jueces 4.14-23), pues tomó las cartas en el asunto.

Sin duda alguna, Rut es el modelo de fidelidad a Dios y a los hombres. Era una mujer humilde y se guiaba por el amor y la verdad (Rut 1.16-18). Rut tenía unos oídos dispuestos a oír buenos consejos (capítulo 3). Y Dios bendijo su vida.

Ana, por un tiempo era una mujer de espíritu triste (1 Samuel 1.6-15). Sin embargo, no se conformó con su situación, y Dios le ayudó y le bendijo (1 Samuel 1.19-20).

¿No es así que podríamos hacer mucho más en cuanto a nuestra vida si pusiéramos más confianza y esperanza en Dios? De todas maneras, Ana pudo decir, "Mi corazón se regocija en Jehová" (1 Samuel 2.1).

Abigail era una mujer "de buen entendimiento". Su marido era "duro y de malas obras". Abigail era suficientemente sabía para intervenir a favor de su esposo, mostrando en su actitud humildad, sabiduría y una actitud correcta en el momento apropiado (1 Samuel 25.23-28). David bendijo el aviso de la mujer para evitar el mal (25.33). Aún en tiempos muy dificultosos, la mujer sabía puede realizar buenas obras de verdaderos frutos positivos.

Ester era otra mujer de gran valor. También la vida de ella, se observa claramente el intervenir de Dios a través de su providencia. En la presente narrativa de la Biblia se presenta a Ester como una mujer piadosa, creyente, de mucho coraje y de heroísmo. De hecho, las mujeres de Dios pueden ser de enorme influencia para el bien, dándonos un ejemplo digno de imitación.


En todos estos estudios de la palabra de Dios hay un punto muy interesante: no hay ni siguiera un solo ejemplo en el cual se atribuya ciertas cualidades a mujeres sin que las tengan. Antes, todos los ejemplos se fundamentan en una vida realista. Sólo tal actitud vale en los ojos de Dios.

Tiempos de Reflexión Cristiana


Observando los tiempos en que vivimos, donde se ha manifestado el hombre de pecado, y la apostasía, se hace necesario analizar con detenimiento los anticristo y el sistema de la bestia apocalíptica. No es fácil entrar a un análisis exhaustivo en ese sentido, pero sí, es propio hacer algunas reflexiones cristianas, para no caer en el abismo satánico.
El poco crecimiento que han tenido las iglesias desde finales del siglo XX, hasta la actualidad, debe ser estudiado como un fenómeno profético, cuando Jesús dijo, "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" (Luc. 18.8b). Es evidente que los tiempos no son favorables para la fe en Cristo, puesto que en la medida en que la tolerancia y promoción del pecado aumentan, se hace difícil la conversión y por ende la perseverancia. Muchos han querido encontrar el descreimiento de las iglesias, en causas doctrinales y en consecuencia han comenzado a cambiar lo que Dios manda, por una forma doctrinaría y adoración humana, para llenar el vacío de los humanos, especialmente de la juventud, en detrimento de la palabra de Dios. Pregunto, ¿estaba Dios equivocado cuando enseñó su palabra a los hombres? ¿Es el hombre más sabio que Dios? Sin duda que, el pensamiento de los hombres en la actualidad se ha desviado del camino correcto.
Es tiempo de reflexión para enderezar los entuertos que se han cometido en las iglesias, dejando de evangelizar, de hacer campañas, renunciando a los debates y a la comunión entre los santos, entre otras importantes actividades. Descuido en las literaturas cristianas, en ese enfoque de dirección del Espíritu Santo. Hay que reflexionar, ¿en qué hemos fallado a Dios y a los hombres? Creo firmemente, que hay que volver a ese espíritu de lucha, que antes se observaba en las iglesias.
Necesitamos más oración, que demuestren nuestra confianza en el Padre Celestial y en la Cabeza de la iglesia, Cristo Jesús. Necesitamos más obreros en la Viña del Señor, que comprendan su misión. Necesitamos más renuncia al mundo, a los métodos mundanos, a las obras mundanas y a las promesas del mundo. La iglesia debe reconocer que no es de este mundo, aunque esté en el mundo. Jesús dijo a Pilato: "Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis seguidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí" (Juan 18.36).
Hay que tener sumo cuidado con la competencia y la comparación con otros grupos religiosos. Si queremos crecer como ellos, actuar como cllos y ser como ellos, entonces debemos ser ellos. En los tiempos de Jesús había este mismo peligro, por lo que, "Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen y no hacen" (Mat. 23.1-3). Es tiempo de cambiar las actitudes presentes, para asirse de las cristianas, de las cuales Jesús quería que sus discípulos también se adhirieran.
Jesucristo no quería que sus discípulos, su iglesia fuera como los fariseos y escribas; él quería y quiere un reino diferente, espiritual, consagrado, de fe firme y apegado a la palabra de Dios. Hay que volver a las antiguas sendas, las que dieron buen resultado a los apóstoles y a los hermanos del tiempo de Alejandro Campbell. Ellos fueron personas de batallas, si hubiesen comenzado a fijarse en las dificultades de sus tiempos no hubiesen echado hacía adelante la obra de Dios. Eran hombres de estudios de la palabra, de oración y de trabajo; eran capaces de sufrir, de continuar la labor que el Padre y Jesucristo les encomendó.
No se pueden hacer las cosas para ser vistos por los demás; no se debe seguir buscando gloria de los hombres; no se debe continuar con hermosos reportes que llenen los ojos a los que se glorían en eso. "En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor" (Rom. 12.11). Ser siervo del Señor, no de los hombres, esto impulsa el espíritu humano a ser responsable y a esforzarse para llevar a buen efecto su misión. Es ahí, donde tenemos que reflexionar, que la iglesia sea más espiritual, que sus líderes sean más conscientes de sus ministerios, y que la hermandad sea parte unos de los otros.
Las piedras comenzarán a hablarnos, pues no hablamos como debemos hablar; no trabajamos como debemos trabajar; y no confiamos como se debe confiar. Sabemos que la palabra de Dios no vuelve vacía, pero no la sembramos, con el ahínco en que debemos hacerlo. Sabemos que el trabajo en el Señor no es en vano, pero no lo hacemos y dejamos que Dios dé el crecimiento. Se necesita una nueva perspectiva en la visión de la iglesia, dejando ese espíritu de derrotismo y críticas que se dan entre las iglesias y sus líderes.
El problema de la actualidad no está en las doctrinas de la Biblia, sino en el comportamiento mundano que se ha tomado en los últimos tiempos. Pablo escribió a los corintios: "Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con nosotros. Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está entre vosotros, a menos que estéis reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados" (2 Cor. 13.4-6).

Por consiguiente, es tiempo de reflexión cristiana, para mejorar las condiciones de la iglesia. En gran medida depende de nosotros pues debemos hacernos conscientes de que vivimos tiempos peligrosos, si resbalamos fracasamos. Tenemos muchos en contra, más que en los primeros siglos, pero también tenemos la experiencia de los que nos antecedieron, y Dios es el mismo de ayer, hoy y siempre, por tanto confiando en la palabra de Dios y en el poder y sabiduría de él, sigamos adelante. Él no dice cuántos debemos traer a Cristo, pero sí, que prediquemos; no dice, cuántos deben perseverar, pero sí, que el que persevere hasta el fin éste será salvo.
Jesucristo prometió que donde hay dos o tres congregados en nombre de él, allí estará él en medio de ellos (Mat. 18.20); también dijo "enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat. 28.20). Y además dijo, "El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió" (Juan 14.23, 24). Reflexionemos en esto y el Señor nos dé entendimiento. Dios le bendiga.
- Fausto Piña Bello

jueves, 29 de enero de 2015

Corazón Limpio (1 Pedro 4:19)

Me urge mantener una buena conciencia ante Dios. Tengo una buena conciencia  cuando no hay nada dentro de mí que ofenda a Dios. Ella se cultiva caminando cerca de Dios. Cuánto más lejos viva de Dios, tanto más endeble será mi conciencia, demasiado debilitada por el contacto excesivo con el mundo.

Gracias a Dios, ningún discípulo tendrá jamás la conciencia muerta, encallecida o con la sensibilidad «perdida» (Efesios 4.19 rva). Tampoco ningún discípulo sufrirá de conciencia maligna, o torcida.

Mi objetivo debe ser vivir delante de Dios con un corazón «que no me reprende» (una conciencia limpia)Una buena conciencia no se adquiere de manera automática. Es el resultado del hábito de llevar un «corazón reprendido» ante Dios, quien es mayor que mi conciencia. Por su poder él lleva gradualmente mi conciencia hacia el mismo estado de sensibilidad suya (1 Juan 3.19?21). Mi objetivo debe ser vivir delante de Dios con un corazón «que no me reprende» (una conciencia limpia). Así puedo «tener confianza delante de Dios» (v. 21). Nada debilita más mi conciencia y destruye mi eficacia en el servicio que todo aquello guardado en mi vida que no recibe la aprobación de Dios. Debo vivir de tal manera que mi corazón no me reprenda.

Puedo soportar la crítica del mundo, y aun la de mis amigos cristianos, si mi corazón está limpio delante de Dios. Nunca debo vacilar ante la crítica  a expensas de mi conciencia, porque eso significaría negar o ignorar mi conciencia. Tampoco debo permitir jamás que las conciencias de otros dicten lo que mi conciencia tiene la obligación de ser delante de Dios. Por esa razón, es preciso resistir la presión social al conformismo, sin olvidar mi responsabilidad personal ante Dios. El convertirse en barro moldeado por la sociedad es negar mi «buena conciencia» ante Dios. Siempre debo dejar que él sea mi moldeador y alfarero (Jeremías 18.6), para que no sólo llegue a ser un vaso útil, sino una persona hecha sensible al pecado, tal y como él mismo lo es.